Renacer en el cáncer

Hay vida después de un  cáncer, por eso muchos de los que hemos pasado por esta enfermedad, hemos vuelto a nacer.

¿Qué he hecho yo para merecer esto? Acaso se trata de una fatalidad del destino, de mi vida, de mis errores pasados, de mi alimentación, de no manejar mis emociones o quizás el famoso Karma, castigo, ¡poco importa cómo se le llame!

No atiendo a tus palabras. Ahora mismo, mi cabeza da vueltas, pienso en mi familia, en mis amigos y en el sin sentido de todo esto. No, no te escucho cuando me dices mirándome a los ojos que es un cáncer de mama. Mi cabeza está ausente y mi vida parada. Me voy a un futuro inexistente, temeroso de todo y donde ya no hay nada. En medio de esta nube, lo único que me saca con toda su fuerza, es tu voz llamándome por mi nombre, ¡Chadia!

¿Cómo puede un médico, un ser humano, acercarse tanto al dolor y llamarme por mi nombre y con esta voz calmada? Salgo de este infierno y veo sus ojos que me miran, su ser ha tocado al mío sólo con las palabras del corazón. Me cuenta con tranquilidad lo que me van a hacer, dónde puedo recoger la documentación, aunque es mucha información, consigo concentrarme un momento. Tenía que haber venido acompañada, me dice, pero de quién si mi familia está fuera.

De repente, una luz blanca pasa por encima de mi médico y me dice que no tema nada, que voy a salir de este infierno y que no me voy a morir. Algo esperanzador se despierta en mí, en medio de esta película que nunca pensé que pudiera ocurrirme. El mundo de repente se para y, a la vez, va muy rápido.

Me meten en una máquina para ver si el cáncer ha afectado mis huesos. Yo con los tapones, y ese ruido que espanta a cualquiera y este tubo que me impide respirar. De repente, me imagino las obras de teatro como en Francia, el ruido del golpe antes de que aparezcan los actores y allí aparecen felices. La escena es perfecta y sonriente. Tengo frio, pero la escena es tan cálida que no hago caso a mis piernas, aunque tiemblen.

Doy las gracias por estar en un país donde hay medios y pueden ver lo que hay dentro de este cuerpo. En el país de mi padre, eso no sería posible. Gracias por estas máquinas tan extrañas, que tienen vida propia y te observan por dentro. No hay tiempo, no hay miedo, solo el presente.

Aparte de morir, perder el pelo, me preocupa engordar. Nadie lo entendería. Cómo me verán, ¡qué pensarán, no tiene pelo, pobre tiene cáncer!, Quiero disfrutar de mi pelo hasta el último momento y no rapármelo como me sugieren muchos. Voy hasta la peluquería para arreglármelo y disfrutarlo hasta el último momento. Un mes más tarde, me veo delante del espejo arrancándome yo misma los últimos mechones Parece mentira, pero me entra la risa, supongo que es un mecanismo de defensa… me ponen la peluca, tengo frío, pasa el aire entre mi falso pelo y mi cabeza y ¡es enero!

Entre quimioterapia y radioterapia, bailo al son de la música, en mi casa. Imagino que me operan y que salgo victoriosa, creo en mí y en la medicina.

Paso por varias operaciones, en total cinco. Me quitan el pecho y me reconstruyen al mismo tiempo, siento también que me reconstruyo por dentro.

No he dejado de trabajar en todo el proceso, pero a medida que van pasando los tratamientos y operaciones, siento como si un camión me hubiese pasado por encima. Y ahora, ¿cómo le digo a mi jefe que me levanto cansada por las mañanas y que ni siquiera puedo con mi alma? Lo quiero hacer todo perfecto, pero sé que he de pedir ayuda e ir poco a poco. Mucha gente piensa que estoy recuperada porque ya no llevo la peluca sin embargo no es así.  Los dolores de los tratamientos y de las operaciones han hecho mella en mi cuerpo. Ya no soy la misma, tanto físicamente como emocionalmente. Es cierto que cuando se acaba el cáncer, todo empieza.

Hacer deporte es lo que me libera y me dice que puedo hacer más de lo que pienso. Correr me recuerda que no hay límites, que el cuerpo va aprendiendo.

Hoy en día me cuido con cariño: tengo en cuenta mi descanso, mi alimentación y mi serenidad, al menos lo intento. Antes le daba más importancia a las apariencias que a mis propias necesidades. Las prisas no me ayudaban a ver lo que mi alma anhelaba.

Ahora, soy más consciente de cada momento, más sensible al sufrimiento ajeno o no. Busco también protegerme.

Aprendo que no puedo controlarlo todo y para mí es una gran liberación.

Muchas veces me debato entre vivir con frenesí porque quiero exprimir al máximo el tiempo y a la vez saborear la vida, tener más serenidad ¿son compatibles estas dos formas de vida?

Mi vida espiritual se va engrandeciendo. Empiezo a confiar.

Por otro lado, obras son amores. Necesito encontrar un propósito que le dé sentido a esta nueva vida y agradecer esta nueva oportunidad, un día más.

En el relato de mi experiencia con el cáncer siento alivio y decido escribir mi libro titulado “Corredora de la vida» Con la palabra, encuentro la forma de ayudar a pacientes y profesionales de la salud.

Acudo a dar conferencias a médicos. Les hablo de cómo trasmitir este mensaje tan importante de la enfermedad al paciente. También, a familiares y enfermos, sobre cómo seguir viviendo con o sin enfermedad.

En mis charlas, no me olvido de los enfermos crónicos de cáncer metastásico, ni a los que se han marchado a “una mayor sabiduría”, para mí son también campeones.

En empresas, hablo de la importancia del deporte, de un bienstar integral, conciencio sobre cómo ayudar a personas que padecen cáncer en el entorno laboral, también evitar la discriminación de las personas que han tenido cáncer.

Siento poco a poco que mi vida empieza a tener un propósito y cambio el sentido que tiene la enfermedad, aunque a veces me sigue doliendo el alma.

Reconcilio los hilos perdidos en mi vida, sano mis heridas. Es volver a nacer. Ahora valoro la vida que respiro y, además, mi alma está llena de agradecimiento.

Y eso es lo que quiero compartir contigo todo por lo que pasé y sigo pasando.

La luz al final del túnel, lo que estoy descubriendo de mí y toda mi aventura emocional, física y espiritual. Sí, porque es todo un viaje. Cada uno viaja a su manera y encuentra sus propios sentidos, significados y dificultades.; aunque hay mucho en común.

Yo conseguí rehacerme desde los cimientos para que la casa fuera más fuerte. Encontré este nuevo sentido de la vida, de mi existencia, que hace que ahora sea inquebrantable, incluso ante las dificultades. Conseguí renacer en el cáncer. Mi historia como el de otros inspiran a muchas mujeres y hombres para seguir este camino que la Vida, el Universo, Dios quiere que yo siga para una existencia más plena, más útil y feliz.

Deseo que tú también encuentres tu sentido.

 

¿Qué espero de ti si tengo cáncer?

Hoy es el #diamundialcontraelcancer. Detrás de cada lazo, hay una historia, la de un familiar, un amigo, una compañera de trabajo…

Cada persona juega un papel importante durante el proceso de un cáncer, puedes ayudar si sabes cómo actuar:

 

Como familiar o amigo

Sólo te pido que me escuches y que estés conmigo, no me des consejos, ni me digas que soy fuerte y que lo superaré, porque no me ayuda. Si no sabes qué hacer, pregúntame qué necesito. Estate a mi lado y te sentiré.

 

Como médico

Será muy importante la forma en que me des la noticia de esta enfermedad, tendrá un gran impacto en mí y en mi familiar. Es importante que tengas un gesto, una mirada que me muestre que no soy un número más, una estadística más…Que me escuches, que podamos hablar, incluso consensuar los tratamientos juntos pero, sobre todo, que en el seguimiento me sienta acompañad@, porque al final sólo me queda encomendar mi vida a Dios y a vosotros, los médicos.

 

Como personal de Enfermería

Seréis la cara amable que me reciba cuando llegue al hospital, nervios@.  No me dejéis sol@, ni me contestéis de forma seca, ese día es un día que no olvidaré nunca. Os agradezco que toméis en cuenta mi tiempo de descanso y el de mi familiar cuando esté ingresad@ y que me digáis lo que me vais haciendo porque estamos llen@s de miedos. Sois lo más importante para nosotr@s, conocéis más que nadie nuestra realidad y os agradecemos vuestro cariño y profesionalidad, sin vosotr@s, nada seria lo mismo.

 

Como psicooncólogo y profesional de la psicología

Necesito que me acompañes a mí y a mi familiar en este largo proceso. ¡Por favor, que Sanidad reconozca lo importantes que sois para nosotros y que no eliminen puestos de esta índole en el hospital, ni que tenga que hablar cada semana con un psicólogo diferente!

 

Como investigador

Te pido que compartas la información y los resultados de tus investigaciones con otros investigadores, que sigáis tejiendo esta red de colaboración, con un único objetivo: el bien del paciente. Además,  que se garantice el acceso equitativo a los tratamientos, cuidados y, sobre todo, que se siga invirtiendo en la investigación de los cánceres con menos supervivencia.

 

Como empresa, como jef@

Será importante que me ayudes a sentirme integrad@ en mi ámbito laboral, el volver a trabajar es sinónimo de normalidad y de recuperación de nuestra economía, tan mermada ya por la enfermedad. Y si no puedo reincorporarme en el mismo puesto, adaptar mi actividad laboral a mi nueva situación, eso sí, en el caso de que pueda volver a trabajar…

 

Como compañer@ de trabajo

Mírame y trátame como siempre lo has hecho. Apóyame incluso cuando haya acabado los tratamientos y esté recuperad@, porque aún así, continua una larga carrera de vida, ya que he de recuperarme poco a poco y todavía pasar por varias revisiones, enfrentando el miedo a la recaída.

 

Como sociedad, ¿por qué enfermamos?

Tú misma nos llevas a enfermar y a la vez nos intentas curar, cuando realmente habría que prevenir de VERDAD.  La forma en la que vivimos, junto con nuestra incapacidad de gestionar las emociones, hace difícil para muchos llevar el día a día.  Cuidar nuestra alimentación, con alimentos nutritivos y de calidad, oxigenar nuestras células a través del ejercicio físico, de la relajación y, sobre todo, tener una adecuada gestión del estrés, suman en la balanza a favor de la salud. Aunque, aun así, podemos enfermar…

Los cuidados paliativos también son fundamentales. Como dice Josep Porta, jefe del servicio de cuidados paliativos del Instituto Catalán de Oncología, “… cuando no hay cura, la esperanza es que la enfermedad avance lentamente, cuando avanza, la esperanza es minimizar el sufrimiento y, si continua, la esperanza es morir en paz”

Ahora con la covid-19, muchos diagnósticos se han visto relegados a un segundo plano. El reto es afrontar esta avalancha de casos y también prevenir la soledad y la vulnerabilidad socioeconómica de los pacientes y sus familiares, agravada todavía más por la pandemia.

Por último, siempre digo en que es fundamental concienciar de verdad y no para la “buena conciencia”.

Para mí, ayudar a otr@s que estén pasando por esta enfermedad y concienciar donde me llamen: hospitales, empresas, colegios y foros de pacientes es una labor que me llena y le da un verdadero sentido a mi vida.

 

¡Vive feliz sin propósito!

Muchos me preguntan «cuál es mi propósito», ¿cómo lo puedo saber? yo les pregunto: ¿Por qué tienes que buscarte un propósito?

 

Nos hemos empeñado ahora en buscar un propósito y nos sentimos culpables si no lo tenemos o si no lo hemos encontrado a pesar de haberlo buscado con ahínco.

Estamos en la sociedad de la acción, del “no descanso” porque si no nos sentimos culpables. No nos dejamos sentir, vivir, fluir y confiar, sobre todo.

Tu propósito a lo mejor es ser mejor persona, a lo mejor es hacer una acción buena cada día. Saber disfrutar de cada momento. ¡Este puede ser tu propósito!

Cuando acabé mis tratamientos de cáncer, sentía que tenía que “exprimir” la vida porque le había visto “las orejas al lobo” y empecé, otra vez, a vivir frenéticamente y con estrés.

No quería volver a enfermar, quería recobrar la salud y me di que tenía que vivir de otra manera.

Había oído hablar del propósito, de que si seguía viva después de esta enfermedad, es que tenía algo que ofrecer a este mundo.

Quería vivir de forma más tranquila y más auténtica pero no sabía cuál era mi propósito.

Como decía Victor Frankl en su libro “El hombre en busca del sentido” quien tiene un por qué vivir, encontrará casi siempre el cómo. Y en eso confiaba.

¿Cómo lo hice?

 

Empecé con una pequeña acción, Sabía que quería acompañar y ayudar a otras personas que habían padecido un cáncer. Decidí hacerme voluntaria en hospitales con la AECC.

Escogí el mismo hospital donde me traté, el Hospital La Paz de Madrid. Me di cuenta enseguida que me sentía plena al escuchar a estos pacientes, al darles una infusión como excusa para estar a su lado.

Empecé a ver que tenía el don de la escucha, el don de poder trasmitir historias a través de la palabra.

Nunca pensé en escribir un libro, pero siempre pensé que tenía una historia que contar. Al volver a casa, escribía todo lo que vivía y sentía en el hospital. Relata lo que había vivido durante la enfermedad y cómo había empezado de nuevo a vivir.

En 9 meses, se gestó mi primer libro “Corredora de la vida”. 

Al cabo de un tiempo, mi médico del Hospital La Paz, el Dr. José Ignacio Sánchez Méndez, también prologuista de mi libro me pidió que diera mi testimonio en un congreso de médicos y profesionales de la salud sobre el “proceso asistencial en el cáncer de mama”

Empecé a dar conferencias por toda España. Descubrí que “comunicar” era mi don.

Mi propósito se fue desvelando a medida que fui caminando sin pretensión solo con el deseo sincero de ser coherente conmigo misma, mejorar la vida de los demás y del planeta.

Podemos ser felices incluso sin saber aún nuestro propósito. Con apertura, un mínimo de intención y sobre todo acción, podemos llegar a este “algo” que nos hace vibrar, ahí está la semilla del propósito.

Mientras tanto sólo te puedo decir ¡sé feliz sin propósito!