Párate, respira, la enfermedad (el cáncer) no espera

Volvemos a estar invadidos por el color rosa y por las campañas de concienciación tan necesarias sobre cáncer de mama.

Más allá de los colores volvemos a reafirmarnos en la importancia de la vida. Las enfermedades no deberían tener un día y ojalá no existieran, pero si estás enfermo tu camino no se reduce a un día, una semana o un mes.

Parece ser que hay que recordarnos una fecha para sacudirnos, para dar valor a algo o hacerlo más presente pero nuestra salud debería estar presente cada día de nuestra vida, cada momento, cada segundo. Suena el WhatsApp, suena el teléfono, ahora te enganchas a un reel y no te das cuenta que se te va la vida, pendiente de otros y olvidándote de ti. ¿A qué esperas, a que la enfermedad, el estrés, toque a tu puerta o mejor aún irrumpa en tu vida sin pedirte permiso? Porque cada día mueres un poco mientras estás perdiendo el tiempo en discusiones que no son importantes y pierdes la alegría, la ilusión de vivir.

No te das cuenta de que las acciones de hoy y la calidad de tus pensamientos marcarán tu futuro.

No, no te estoy contando un cuento, sólo la realidad de muchas personas que conozco.

Actuamos como si la salud fuera nuestro derecho y como si fuéramos invencibles ante los mazazos de la vida hasta que un día…ocurre y tú no sabías verdad que ibas a pasar por esto sin embargo habías comprado las papeletas hacía ya mucho tiempo….

Habías dejado de escuchar a tu cuerpo, ni siquiera sabias lo más básico que era respirar…

Esta vida no para y no nos deja respirar

Pero nosotros tenemos una decisión sencilla pero trascendental que tomar, DARNOS PRIORIDAD.

¡Y qué difícil es! muchas veces nos cuesta decir que no a alguien, vamos todo el día atareados, a  veces preferimos estar con este dolor de barriga o esta falta de aire que nos indica claramente que nos estamos excediendo, que hay que parar, respirar, escucharnos. Si no te paras, el mundo no para y si no, no te preocupes porque el mundo te parará o más bien tu cuerpo tarde o temprano. ¿No me crees?

Durante mis conferencias, algunas personas del público me preguntan: ¿pero entonces cómo ser conscientes de nuestro bienestar sin tener que pasar por una enfermedad? y yo respondo siempre: ESCUCHÁNDOTE.

A mí el cáncer me dijo que no me escuchaba y mi tendencia es ésa (la cabra tira hacia el monte) sin embargo tengo mayor conciencia y cada día, recuerdo lo ESENCIAL que es invisible a los ojos, pero no al corazón.

Me gustaría que hoy, cuando las marcas nos ayudan a dar visibilidad a esta enfermedad, puedas darte cuenta de lo único IMPORTANTE, me encantaría que pudierais reflexionar sobre lo que tienes, lo que haces o el tiempo de calidad que te dedicas a ti y a los tuyos.

Entonces, escúchame:

AYUDATE

PARATE

ESCUCHATE

Espero que lo pongas en práctica, que hables contigo mismo, ya me contarás.

Un abrazo de la VIDA

 

 

 

 

Renacer en el cáncer

Hay vida después de un  cáncer, por eso muchos de los que hemos pasado por esta enfermedad, hemos vuelto a nacer.

¿Qué he hecho yo para merecer esto? Acaso se trata de una fatalidad del destino, de mi vida, de mis errores pasados, de mi alimentación, de no manejar mis emociones o quizás el famoso Karma, castigo, ¡poco importa cómo se le llame!

No atiendo a tus palabras. Ahora mismo, mi cabeza da vueltas, pienso en mi familia, en mis amigos y en el sin sentido de todo esto. No, no te escucho cuando me dices mirándome a los ojos que es un cáncer de mama. Mi cabeza está ausente y mi vida parada. Me voy a un futuro inexistente, temeroso de todo y donde ya no hay nada. En medio de esta nube, lo único que me saca con toda su fuerza, es tu voz llamándome por mi nombre, ¡Chadia!

¿Cómo puede un médico, un ser humano, acercarse tanto al dolor y llamarme por mi nombre y con esta voz calmada? Salgo de este infierno y veo sus ojos que me miran, su ser ha tocado al mío sólo con las palabras del corazón. Me cuenta con tranquilidad lo que me van a hacer, dónde puedo recoger la documentación, aunque es mucha información, consigo concentrarme un momento. Tenía que haber venido acompañada, me dice, pero de quién si mi familia está fuera.

De repente, una luz blanca pasa por encima de mi médico y me dice que no tema nada, que voy a salir de este infierno y que no me voy a morir. Algo esperanzador se despierta en mí, en medio de esta película que nunca pensé que pudiera ocurrirme. El mundo de repente se para y, a la vez, va muy rápido.

Me meten en una máquina para ver si el cáncer ha afectado mis huesos. Yo con los tapones, y ese ruido que espanta a cualquiera y este tubo que me impide respirar. De repente, me imagino las obras de teatro como en Francia, el ruido del golpe antes de que aparezcan los actores y allí aparecen felices. La escena es perfecta y sonriente. Tengo frio, pero la escena es tan cálida que no hago caso a mis piernas, aunque tiemblen.

Doy las gracias por estar en un país donde hay medios y pueden ver lo que hay dentro de este cuerpo. En el país de mi padre, eso no sería posible. Gracias por estas máquinas tan extrañas, que tienen vida propia y te observan por dentro. No hay tiempo, no hay miedo, solo el presente.

Aparte de morir, perder el pelo, me preocupa engordar. Nadie lo entendería. Cómo me verán, ¡qué pensarán, no tiene pelo, pobre tiene cáncer!, Quiero disfrutar de mi pelo hasta el último momento y no rapármelo como me sugieren muchos. Voy hasta la peluquería para arreglármelo y disfrutarlo hasta el último momento. Un mes más tarde, me veo delante del espejo arrancándome yo misma los últimos mechones Parece mentira, pero me entra la risa, supongo que es un mecanismo de defensa… me ponen la peluca, tengo frío, pasa el aire entre mi falso pelo y mi cabeza y ¡es enero!

Entre quimioterapia y radioterapia, bailo al son de la música, en mi casa. Imagino que me operan y que salgo victoriosa, creo en mí y en la medicina.

Paso por varias operaciones, en total cinco. Me quitan el pecho y me reconstruyen al mismo tiempo, siento también que me reconstruyo por dentro.

No he dejado de trabajar en todo el proceso, pero a medida que van pasando los tratamientos y operaciones, siento como si un camión me hubiese pasado por encima. Y ahora, ¿cómo le digo a mi jefe que me levanto cansada por las mañanas y que ni siquiera puedo con mi alma? Lo quiero hacer todo perfecto, pero sé que he de pedir ayuda e ir poco a poco. Mucha gente piensa que estoy recuperada porque ya no llevo la peluca sin embargo no es así.  Los dolores de los tratamientos y de las operaciones han hecho mella en mi cuerpo. Ya no soy la misma, tanto físicamente como emocionalmente. Es cierto que cuando se acaba el cáncer, todo empieza.

Hacer deporte es lo que me libera y me dice que puedo hacer más de lo que pienso. Correr me recuerda que no hay límites, que el cuerpo va aprendiendo.

Hoy en día me cuido con cariño: tengo en cuenta mi descanso, mi alimentación y mi serenidad, al menos lo intento. Antes le daba más importancia a las apariencias que a mis propias necesidades. Las prisas no me ayudaban a ver lo que mi alma anhelaba.

Ahora, soy más consciente de cada momento, más sensible al sufrimiento ajeno o no. Busco también protegerme.

Aprendo que no puedo controlarlo todo y para mí es una gran liberación.

Muchas veces me debato entre vivir con frenesí porque quiero exprimir al máximo el tiempo y a la vez saborear la vida, tener más serenidad ¿son compatibles estas dos formas de vida?

Mi vida espiritual se va engrandeciendo. Empiezo a confiar.

Por otro lado, obras son amores. Necesito encontrar un propósito que le dé sentido a esta nueva vida y agradecer esta nueva oportunidad, un día más.

En el relato de mi experiencia con el cáncer siento alivio y decido escribir mi libro titulado “Corredora de la vida» Con la palabra, encuentro la forma de ayudar a pacientes y profesionales de la salud.

Acudo a dar conferencias a médicos. Les hablo de cómo trasmitir este mensaje tan importante de la enfermedad al paciente. También, a familiares y enfermos, sobre cómo seguir viviendo con o sin enfermedad.

En mis charlas, no me olvido de los enfermos crónicos de cáncer metastásico, ni a los que se han marchado a “una mayor sabiduría”, para mí son también campeones.

En empresas, hablo de la importancia del deporte, de un bienstar integral, conciencio sobre cómo ayudar a personas que padecen cáncer en el entorno laboral, también evitar la discriminación de las personas que han tenido cáncer.

Siento poco a poco que mi vida empieza a tener un propósito y cambio el sentido que tiene la enfermedad, aunque a veces me sigue doliendo el alma.

Reconcilio los hilos perdidos en mi vida, sano mis heridas. Es volver a nacer. Ahora valoro la vida que respiro y, además, mi alma está llena de agradecimiento.

Y eso es lo que quiero compartir contigo todo por lo que pasé y sigo pasando.

La luz al final del túnel, lo que estoy descubriendo de mí y toda mi aventura emocional, física y espiritual. Sí, porque es todo un viaje. Cada uno viaja a su manera y encuentra sus propios sentidos, significados y dificultades.; aunque hay mucho en común.

Yo conseguí rehacerme desde los cimientos para que la casa fuera más fuerte. Encontré este nuevo sentido de la vida, de mi existencia, que hace que ahora sea inquebrantable, incluso ante las dificultades. Conseguí renacer en el cáncer. Mi historia como el de otros inspiran a muchas mujeres y hombres para seguir este camino que la Vida, el Universo, Dios quiere que yo siga para una existencia más plena, más útil y feliz.

Deseo que tú también encuentres tu sentido.